La mujer mesaba los dorados cabellos de la niña, recostada sobre su pecho. Tras los cristales, los copos descendían lentamente desde el manto gris que cubría la ciudad.-Qué bonita es la nieve, ¿verdad, mamá? -sus ojos azules brillaban de ilusión.-Sí, cariño...
La mujer mesaba los dorados cabellos de la niña, recostada sobre su pecho. Tras los cristales, los copos descendían lentamente desde el manto gris que cubría la ciudad.-Qué bonita es la nieve, ¿verdad, mamá? -sus ojos azules brillaban de ilusión.-Sí, cariño...